Agustina Luz Nanio: “El teatro es mi lugar de comunicación con los demás”
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La actriz, docente y directora teatral habló sobre su recorrido artístico, la creación de Yiya Murano y el trabajo que desarrolla en los talleres municipales de Crespo.
Para Agustina Luz Nanio, el teatro apareció de manera inesperada y terminó cambiando el rumbo de su vida. No comenzó a actuar durante la infancia ni tuvo desde pequeña la certeza de que quería dedicarse a las artes escénicas. El descubrimiento llegó a los 17 años, cuando se mudó a Buenos Aires para estudiar otra carrera y, casi por casualidad, se sumó a un taller de teatro.
A partir de aquella experiencia decidió cambiar de camino. Dejó la carrera que cursaba, comenzó Artes Dramáticas y encontró en la actuación un espacio de libertad, juego y comunicación.
Hoy es actriz, docente y directora teatral, trabaja con grupos de distintas edades en Crespo y lleva adelante sus propias producciones. Entre ellas se encuentra Yiya Murano, una obra de su autoría que recientemente fue presentada en la ciudad y que luego llegó a General Ramírez.
En una entrevista con Mariana Rupp, en el programa La Hora Dorada, Nanio repasó su recorrido, habló sobre la creación teatral y destacó el acceso al arte como una herramienta de encuentro y expresión.
El teatro llegó a los 17 años
La entrevistada contó que su acercamiento al teatro se produjo cuando se instaló en Buenos Aires. “Me invitan a un taller de teatro y yo fui como, bueno, voy a ver qué onda”, recordó.
La experiencia terminó modificando sus planes. Lo que comenzó como una actividad para conocer algo nuevo se convirtió en una decisión profesional. “Ese taller que hice me cambió la forma de pensar, de ver. Yo dije: no, yo quiero hacer esto, me encanta, me quiero dedicar a esto”, relató.
En aquel momento descubrió también una sensación que la acompañaría en su relación con el teatro: la libertad. “Lo que sentí en ese taller fue libertad, como una idea de esto de volver a ser niño y de jugar”, explicó.
Mientras trabajaba y estudiaba, el taller se transformó en un momento diferente dentro de su rutina. “Era un momento en el que yo me sentía desinhibida, libre, feliz”, señaló.
“Actor es el que actúa”
Para Nanio, no existe una edad determinada para descubrir el teatro. Actualmente trabaja con niños, adolescentes y adultos y asegura que también observa cómo personas que comienzan de grandes encuentran en los talleres un espacio que puede modificar su manera de relacionarse con los demás.
“Actor es el que actúa, puede actuar cualquiera, actuar se aprende, es cuestión de querer hacerlo”, afirmó.
En Crespo desarrolla talleres municipales y también dicta clases de maquillaje artístico. La propuesta incluye desde maquillaje infantil y pintacaritas hasta técnicas destinadas al teatro, como efectos de sangre, prótesis y caracterización. “Es un maquillaje más pensado para un escenario o, por qué no, para una fiesta de disfraces”, explicó.
El teatro como espacio de encuentro
Entre las características que más valora de la actividad teatral, destacó la posibilidad de trabajar en el presente y frente a un público. “Lo que más me gusta del teatro es el hecho de estar presente, del aquí y ahora, de que sea en vivo, de que sea real”, expresó.
En ese sentido, entiende la actuación como una forma de comunicación. “El teatro es en vivo. Uno no actúa para uno tampoco, uno actúa para el otro”, sostuvo.
Esa mirada también atraviesa su trabajo como directora. Según explicó, las obras no están pensadas únicamente para satisfacer una búsqueda personal, sino para construir un vínculo entre el elenco y quienes están del otro lado del escenario.
Dirigir: transformar una idea en una obra
Comentó además que dirige obras desde hace varios años, aunque Yiya Murano representa una experiencia particular porque es la primera que escribió.
Para ella, una de las mayores dificultades de dirigir consiste en poder transformar una idea personal en una construcción colectiva. “Lo más desafiante es poder delegar a la idea que uno tiene de lo que quiere hacer. Poder abrirse a otras propuestas y poder readaptar la idea inicial”, explicó.
El proceso implica trabajar con otras personas, escuchar propuestas y modificar aquello que inicialmente había imaginado.
Yiya Murano: cuando la tragedia generó risas
La obra se estrenó en Crespo durante el Día del Amigo y posteriormente tuvo una función en General Ramírez. La obra está basada en la historia real de Yiya, una mujer condenada por asesinatos en Argentina, y Nanio explicó que originalmente había pensado la puesta desde un lugar trágico y serio. Sin embargo, la reacción del público de Crespo modificó su propia percepción sobre el resultado.
“Yo había pensado la obra como algo trágico, como algo serio”, contó. Pero durante la función “la gente se rió muchísimo”. La respuesta del público la llevó a preguntarse por qué una historia que había sido concebida como una tragedia terminaba provocando situaciones de humor. Según su análisis, la propia personalidad pública de Yiya Murano contribuyó a esa lectura. “Era un personaje oscuro que a la gente le terminaba cayendo simpática”, explicó.
Para la actriz, esa reacción terminó revelando algo sobre la construcción del personaje. “Siento que logré captar la esencia de ella sin quererlo”, afirmó.
La experiencia también le permitió descubrir una relación particular entre tragedia y humor: una historia puede provocar distintas respuestas según la mirada con la que se la aborda.
Contar historias sin imponer una mirada
Como directora y actriz, considera que una de las principales responsabilidades del teatro está relacionada con aquello que se comunica. “El trabajo nuestro, el trabajo de los actores, es el de contar historias”, sostuvo.
En sus obras busca transmitir un mensaje, pero sin imponer una interpretación determinada. “Siempre sabiendo que hay personas que están del otro lado, escuchando, mirando. Y que cada uno saque sus conclusiones, no imponer nada”, explicó.
La intención es dejar abierta la reflexión para que cada espectador pueda construir su propia lectura.
El teatro como aprendizaje colectivo
Para Nanio, uno de los principales aprendizajes que ofrece el teatro tiene que ver con la relación con los demás. “El teatro es grupalidad, es el otro, es estar presente aquí ahora”, afirmó.
La dinámica de una obra exige que los integrantes del elenco estén conectados entre sí. No se trata solamente de la actuación individual, sino de construir una escena en conjunto. “Ninguna de mis actrices se luce sola, es todo un conjunto. Tienen que estar todas conectadas para que la obra funcione”, explicó.
El arte como derecho
Durante la entrevista también habló sobre el acceso a la actividad artística y el lugar que ocupan los talleres municipales. Considera que el arte debe ser entendido como una cultura y un derecho, y no como una actividad reservada para quienes tienen posibilidades económicas.
Los talleres de teatro y maquillaje que dicta en Crespo son gratuitos, con bono contribución. También explicó que algunas de las obras se realizaron bajo la modalidad “a la gorra”, una alternativa que permite que el público pueda realizar un aporte de acuerdo con sus posibilidades.
“Me parece importante que la gente pueda venir, más allá de si puede pagarlo o no”, sostuvo.
Talleres para todas las edades
Actualmente desarrolla sus actividades en el IMEFA y en el espacio municipal Ramón Avero. Los talleres funcionan de lunes a jueves y cuentan con propuestas para niños, adolescentes y adultos. Los interesados pueden acercarse a cualquiera de los dos espacios para consultar días y horarios según la edad.
La incorporación también puede darse durante el año. Seguidamente explicó que, aunque algunos grupos ya se encuentran avanzados en sus obras, siempre existen posibilidades de sumarse a tareas como escenografía o pequeños papeles.
Además de Yiya Murano, la directora adelantó que se encuentra trabajando en cinco nuevas obras.
Una escena todavía por vivir
Al finalizar la entrevista, respondió la tradicional “pregunta dorada” del programa: si pudiera subir al escenario de su propia vida y representar una escena que todavía no vivió, ¿cuál elegiría? Su respuesta estuvo en línea con su particular vínculo con el teatro: “Drama, disparos y yo desangrándome y todos llorando alrededor”, respondió entre risas.
Una escena exagerada y teatral que resume, de alguna manera, el universo artístico que encontró cuando aquel taller en Buenos Aires, a los 17 años, le mostró que también podía construir otra manera de mirar, expresarse y comunicarse.

