80 años de fe y servicio bajo el amparo de Nuestra Señora de Aránzazu
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En Victoria, Entre Ríos, la fe se viste de fiesta y gratitud. La Cofradía Nuestra Señora de Aránzazu cumple ochenta años de vida, y con ello se renueva el compromiso de una comunidad que ha caminado bajo el manto protector de su Madre y Patrona.
Un 22 de julio de 1946, un grupo de damas victorienses se reunió en la Biblioteca Popular “Juventud” —más tarde llamada “Esteban Lonné”— junto a Monseñor Guilland, arzobispo de Paraná, y el Cura Párroco José Germaniez, para preparar las Fiestas Patronales en honor a la Virgen de Aránzazu. También participó el Padre Gregorio Spiazzi, quien como Teniente acompañó la conformación de la Cofradía, dando inicio a una tradición que hoy sigue viva y floreciente.
Ocho décadas después, la comunidad se dispone a celebrar con gratitud y emoción. Cada actividad programada es un signo de memoria y esperanza: hoy 22 de julio se descubrirá una placa conmemorativa y se celebrará la Eucaristía en la Basílica; el 15 de agosto, en la solemnidad de la Asunción de la Virgen María, el Coro Municipal “Voces de la Colina” brindó un concierto; el 22 de agosto la Virgen de Aránzazu visitará la Capilla Santo Domingo en Los Cerros Pajonal y allí participaremos de la misa; y el 19 de septiembre, un almuerzo fraterno reunirá corazones y memorias en torno a la mesa compartida.
A lo largo de estos años, muchas personas han guiado la Cofradía con amor y entrega: María Leonor Arreseygor de Anza, María Luisa Reggiardo de Basaldúa, Haydeé Murature de Figueredo, Elvira Passadore de Bartoloni, Isabel Narváez de Duré, María Bottino de Mundani, Irma Andrés, Ángela Ballesteros de Moutounet, María del Huerto Andrés, Teresita Robledo, Mariana La Barba, Aurora Murature de González, Beatriz Jaime de Frutos, Graciela Avendaño, Marcela Werbrauck, Mabel Albornoz y José Ariel Bonzzi. Cada nombre guarda una historia de servicio, cada gesto una ofrenda de fe, cada paso un testimonio de fidelidad.
La Cofradía cuenta con un estatuto con licencia eclesiástica y se encarga no sólo de colaborar en la organización de la novena y fiesta patronal en honor a nuestra Patrona, sino también del mantenimiento y compra de mantelería, de la colaboración en la adquisición de hostias, velas, incienso, de la limpieza del templo, del arreglo de luces, sonido y reparaciones en general. Además, sostiene prácticas de oración como el rezo de los mil Ave María todos los días 8 de cada mes, y la organización de la misa vespertina en los primeros sábados del año. Cada mes, a través de diferentes grupos de personas, se ocupan de la ornamentación floral de los altares y de las fiestas litúrgicas (Navidad, Pascua, Corpus Christi, Pentecostés, solemnidades marianas, etc.). La Cofradía cuenta con socios que colaboran con una cuota anual, organiza también venta de alimentos y talleres para recaudar fondos que permitan solventar los gastos que se susciten, y dispone de cinco réplicas de la Virgen de Aránzazu que recorren barrios, zona rural e islas, llevando la presencia de la Madre a cada rincón.
Hoy, la Cofradía celebra no solo su aniversario, sino también el testimonio de una comunidad que ha sabido mantener viva la devoción y el espíritu de fraternidad. Son 80 años de rezos compartidos, de manos que trabajan en silencio, de corazones que se entregan con generosidad. Son 80 años de historia que se convierten en semilla de futuro.
Bajo el amparo de Nuestra Señora de Aránzazu, Victoria se reconoce como pueblo creyente y agradecido. Que esta celebración sea un canto de esperanza y un compromiso renovado: seguir caminando juntos, con la mirada puesta en Cristo y el corazón confiado en su Madre.

