Jueves 28 de Abril
Edición:
GLOBAL

Cambiar
Paralelo32.com.ar | El semanario de la región
Entre Ríos, Argentina
        Seguinos
 
Mangrullo

27 de Abril de 2016

Mangrullo sábado 23 abril 2016

Por Egidio Luis Jacobi


  Compartir        Imprimir       Enviar Tamaño de letra    


A pleno Leoncio                    

** Mientras en el Litoral flotaban los muebles en miles de casas y se perdía una cosecha que le hará perder al país altos ingresos; en la Buenos Aires tan nuestra y sin embargo tan ajena, se hablaba durante horas y horas y horas de la corrupción K, de los chicos que murieron drogados (que si hubiera sucedido en Corrientes la noticia no da para más de diez minutos), y de un Chueco que nada representa para la vida nacional, ni vivo ni suicidado ni enderezado.

** Entre la bronca de saber que en Buenos Aires no existimos ni aun cuando desaparecemos bajo el agua, y entre el hartazgo de los que hablan para demostrar cabalmente que el chancho es negro y los que hablando del mismo chancho dan cátedra sobre su color blanco…, preferimos una vez más evadirnos por la tangente. Por la tangente calle que da al barrio de don Leoncio, que nunca fue diablo pero sabe por viejo.

** --M. Supongo don Leoncio que usted, como cualquier joven de todos los tiempos, salía a bailar a su edad de trote fácil.

_L. No sé si salíamos a bailar, yo creo más bien que salíamos a pescar, a ver si había pique, y el baile era la única forma de oler un perfume de mujer y tirarse algún lancecito si la ventanita se abría en alguna sonrisa.

--M. ¡Ah, los señoritos no salían a divertirse sino a mejorar la autoestima!

_L.  No sé a qué se refiere, pero éramos inofensivos, no dañábamos ni nos causábamos daño a nosotros mismos. La droga más fuerte era la “giñebra” y lo peor que podía pasarnos con ella era que invitáramos a bailar al cabo de policía.

** --M  ¿Qué se bailaba en sus años mozos? ¿tango?

_L.  Está calculando muy mal, vea. Usted se quedó en los años de la orquesta típica, que no resistió el embate de los años 60. Cuando yo y mis primos empezamos a salir a bailar Palito Ortega ya era padre de tres gurises. Cada cual iba donde se sentía más cómodo, eligiendo entre boliches bailables en el pueblo mientras otros preferían los bailes de galpón, o entre cerramientos de lona en las escuelitas de campo. En el asfalto el rock y la música lenta, y en la tierra, donde nunca se bailó el tango –demasiado dramática ya era la vida–, seguía firme el pasodoble y empezaba el alegre ritmo de cuarteto.

Las apariencias engañan                   

** --M. A ver. ¿Me está diciendo que se bailaban lentos en el pueblo y en el campo no?, ¿Qué les impedía “apretar” en los bailes de galpón?

_L.  Las madres.

--M.  ¿No se podía?

_L. Pierda cuidado que nos la ingeniábamos, que para eso estaba el centro de la pista. En los boliches de pueblo era diferente, había poca luz y las madres no entraban, en cambio en los bailes con mesita de madera para apoyar el vaso y la Crush, se sentían cómodas y yo diría que hasta indispensables. Bueno, ¿pero me va a dejar terminar?

--M.  Siga, siga.

** _L. Cuando empecé a salir, de la ‘orquesta típica’ ya habíamos pasado al ‘conjunto característico’; no me pregunte qué pucha era pero mezclaban a Los Iracundos con Tránsito Cocomarola y la cumbia, y algún tanguito si alguien se lo pedía, ya que me lo pregunta.

--M.  Me está macaneando al nombrar a Los Iracundos. No me puede decir que usted apretaba con esa música, que es de los años 60 y 70, genios de la balada romántica, digámoslo de paso. A mi ver, cuando nació el Club del Clan usted ya había hecho la colimba.

** _L.  Vea mangrullero, el hombre tiene la edad de sus recuerdos y la apariencia de sus desengaños.

--M. En eso tiene razón, don Leoncio. Sucede que por acá sabemos poco y nada sobre su vida.

_L. Si me quiere sacar la edad por la facha, tendrá que descontarme algunos rigores que hicieron estragos en mi carrocería. Usted ya sabe que no termina igual el auto guardado en el garaje que el abandonado a la intemperie, y sin embargo pueden haber sido fabricados el mismo año.

El tango éramos nosotros                 

** --M. No me cierran los números don Leoncio, disculpe la porfía, me da como que se está restando unos diez años; creo que usted es coetáneo con el mismísimo Palito.

_L. ¿Qué es ser coetáneo?

--M. Que tienen la misma edad. Me parece que usted es de cuando los números de teléfono eran de tres dígitos. Pero olvídelo. Yo solo trataba de saber si fue de los que abandonaban la pista cuando empezaba a sonar el ritmo de dos por cuatro, o si le cabía.

_L. ¿¡Si me qué!?

--M. Si se lo bancaba.

** _L.  Bueno, eso dependía de la ‘percanta’ que le tocara. Si ella se animaba, cuando el tango repicaba sus primeros compases uno se prendía el saco, entraba a acomodar el brazo como si supiera, hacía una arrimadita como para una lucha cuerpo a cuerpo, y hasta ahí nomás llegaba el amague porque después lo bailaba como bolero nomás. Nadie sabía bailarlo en mi época, pero lo respeto, vea, y cada vez más me gusta escuchar alguno en la radio.

** --M. Se necesita crecer y madurar para aprender a amar el tango, y aún el que lo detestó en su juventud se interesa en él en la madurez. Por eso siempre se ha dicho que “el tango te espera”.

_L. El “gotán” es único, por eso llegó al mundo entero. Hoy digo que bailar un tango es como bailarse una historia. Usted no solo abraza una chica, también sus propios dolores y frustraciones. El bailarín se pone en la piel y los zapatos de alguno de los personajes de esa letra de perdedores que nunca terminaba bien.

** --M. No era como en aquellas películas de Hollywood donde al final siempre el muchachito bueno se quedaba con la chica linda…

_L.  No, claro que no. En el tango clásico la chica más linda siempre se subía al auto del bacán para irse camino a un desengaño, mientras la gilada se quedaba mascando rencores de a pie. Entonces, a ver… imagínese que se descuelga la orquesta con un dos por cuatro; un rato antes el bailarín quizás había rebotado al querer bailar con una muchacha que lo vió flojito de pinta o de pilchas y se le negó; eso era una frustración, un dolor, una bronca, sentimientos que nunca faltaban en la letra del tango. El cantor hablaba de mí y del otro que había rebotado como pelota de frontón. El tango no le daba letra al hombre para ganarse a una chica sino para lamentar su despecho.

En la facha se va la vida                    

** --M.- Cuando rodeaban la pista de baile, ¿la pilcha jugaba algún rol importante?

_L.  Creo que lo jugó en todos los tiempos. No es igual andar balconeando con un pulóver grueso de punto parejito, que entrar medio achicado a la pista por vestir uno tejido por la vieja con lana deshilada que venía de otras campañas.

--M.- ¿Perfume?

_L. El hombre no amaba tanto a las abejas como para andar hediendo a flores. Igual, una ex novia me había regalado una colona Atkinsons, y yo por ahí la usaba porque en los años 70 nos animábamos a más, hasta a usar tacos con plataforma.

** --M. ¡Un deschave total!

_L. ¿Los zapatos de suela alta?

--M.  No, la colonia Atkinsons. A esa la usaba mi abuela y usted me quiere chamuyar con los años 70!

_L.  No se confunda, que Atkinsons todavía existe y la marca tiene 200 años. Igual que Lancaster, Le Sancy de Dubarri, en fin, propagandas que escuchábamos en las trasmisiones de los partidos por radio.

** --M. Me permito corregirle, sin porfiarle nada, lo que usted dijo sobre un tango de lúmpenes perdedores y bacanes ganadores. Hoy Paralelo 32 publica en El Muro (página 2) que en la vida no se gana ni se pierde, ni se fracasa ni se triunfa. En la vida se aprende, se crece, se descubre, se teje y se desteje…

_L.  Y tiene razón, pero no sé cuál será su caso, yo aprendí mucho en la universidad de la calle pero no me sirvió para ningún currículum, y cada cosa nueva que descubrí por mí mismo, no tuve a quién vendérsela, ¿me entiende mangrullero?

** --M. Se lo acepto, pero lo aprendido es como el tango; espera el momento de prestar su servicio. La necesidad te espera, y cuando aparece… ¡zákate!, le das con lo aprendido en alguna experiencia anterior.

“A buen tiempo”                   

** --M  ¿Qué le gustaría tomar de aquellos tiempos y traerlo al presente, don Leoncio?

_L.  Vea, mire, yo a esos viejos tiempos los dejaría quietitos nomás, no vaya a ser que se aviven y quieran volver. Los recuerdo pero no haría ningún esfuerzo por traerlos al presente. Esto no quiere decir que no tuvieran cosas lindas. Fueron muchas. La puerta de la casa, en el pueblo, quedaba abierta en el verano. Y una puerta abierta es una invitación a pasar. Así lo entendían los vecinos; así lo entienden hoy solamente los chorros.

** (Sigue recordando don Leoncio): De repente caía algún vecino, se anunciaba en dos golpecitos con los nudillos contra la madera y decía permiso, y desde adentro ya le pegaban el grito ‘¡Adelante, está en su casa!’  Si los de la casa estaban cenando, el visitante decía ‘¡Buen provecho!’ y el local replicaba: ‘A buen tiempo’. Por supuesto, la otra persona decía: ‘No, gracias, me esperan en casa’, o ‘recién comí’, aunque le chiflara el estómago.

** --M. Una especie de vida en comunidad, ¡qué lindo! Gracias por transportarme en la historia doméstica.

_L.  El barrio entero era una especie de comunidad. No sé si eso era bueno o malo, hoy se habla mucho de intimidad, pero rescato lo de las puertas abiertas. A lo demás déjelo así como está en este nuevo siglo, cuando la libreta del almacenero fue reemplazada por unos plásticos que nos evitan pedir favores.

La esperanza no paga a proveedores

** --M.  Una nueva cosecha perdida. Otra vez sopa en Sojamarca.

_L. Siempre escuché decir a mis mayores, y yo lo repito, que la esperanza es lo último que hay que perder. Será porque evita la locura.

--M. Yo tampoco se lo puedo poner en palabras, don Leoncio, pero intentaré un ejemplo. Estoy re podrido, y supongo que usted también, de ver el cielo gris, lloviendo, con gente que sufre porque el agua la desaloja de su vivienda. Entonces sueño con caminar bajo un sol pleno el sábado o el domingo venidero. Mi bajón anímico de hoy se consuela con esa esperanza.

** --L. Usted pone su esperanza en una certeza. El sol siempre está y si usted lo espera, no le puede errar, va a lo seguro. Pero no hay esperanza que ayude a recuperar la semana próxima lo que el agua se llevó.

** --M. Lo invito entonces a que la pongamos en un país pacífico y transparente. Me gustó rememorar los años ’70, pero déjenme vivir los años ’20 de este nuevo siglo. Pongo mi esperanza en un país en paz, moderno y solidario, donde escribamos una nueva historia sin grietas, y en lo posible, si nos van a hablar de revolución social, que no lo hagan los nuevos burgueses desde la placidez de sus mansiones con bóvedas.

_L. ¡Lindas palabras Mangrullero! Lástima no tener un vinito para brindar ahora mismo. Comparto esa esperanza.


Lo más leído Ver todas









quienes somos        contacto        publicitar        mapa del sitio

Crespo, Entre Ríos, Argentina
Copyright 2011 - Derechos reservados

noticias   policiales  |  sociales  |  política  |  crespo  |  región  |  deportes
ediciones   resúmen semanal  |  edición victoria-nogoyá
secciones   editorial  |  mangrullo  |  campo nuestro  |  nosotras
otros   clasificados  |  agenda de eventos