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Editorial

21 de Agosto de 2012

¿De qué extranjeros privilegiados estamos hablando?

Por Hugo Schira


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Un medio que abre sus páginas a la expresión pública da por sentado un nivel de reflexión y conocimientos proporcional al ejercicio de la ciudadanía política y el humanismo moral. La ciudadanía política tiene muchos derechos y un deber fundamental: saber de qué hablamos cuando opinamos. El humanismo como ética y como práctica moral nos impide ejercer arbitrariamente la ignorancia como método de opinión. Muchas veces, desde el medio (en este caso Paralelo 32) hay que dar prioridad a opiniones profundamente prejuiciosas, en nombre de la libertad de expresión. Pero eso no impide ejercer la réplica para que cada cosa ocupe el lugar que le corresponde.

Alguien que se presenta como “Eduardo de María Grande” opinó en la sección SMS de mensajes telefónicos de la edición anterior con un chiste xenofóbico en el cual señalaba que dos nacionalidades hermanas, víctimas habituales del racismo argentino más primitivo (bolivianos y paraguayos), otra, víctima del macartismo más odioso (cubanos) y otra, de un indisimulado antiislamismo ajeno a nuestras tradicionales intolerancias (iraníes), además de otros inmigrantes, serían los privilegiados beneficiarios del sistema asistencial argentino, mientras los argentinos debemos trabajar para mantenerlos. El mensajero asegura que no es xenófobo ‘para nada’, pero que el chiste ‘se parece un poco a nuestra realidad’.

Vamos a aclarar algunos datos, esperando dar argumentos racionales a todos los que se empecinan en ejercen la ciudadanía y el humanismo, y se oponen a la, para nada chistosa, xenofobia.

• Está demostrado que los inmigrantes de cualquier parte del mundo a cualquier otra parte, no llegan para que los nacionales trabajen para ellos, sino para hacer el trabajo que no quieren realizar los nativos, para expandir territorialmente el país y económicamente su economía, o porque están huyendo de un calvario más grave que la emigración. En este último caso, son migrantes por razones políticas, económicas o ambientales.

• También se sabe que rige para la inmigración la más estricta y salvaje ley de mercado: los que sobran deben volver a partir o les va a ir mal, sin coberturas, sin documentos y con el permanente estigma de ser extranjeros. Así, muchos de nuestros abuelos descendieron de los barcos; pero un tercio debió volver a sus puertos europeos de origen porque no encontraron en la Argentina su lugar en el mundo;

• En la actualidad, la inmigración, según el Censo 2010, representa 4,5% del total del país. Desde 1914, cuando era el 29,9%, fue cayendo sistemáticamente entre censo y censo hasta el 2001, con 4,2%. O sea que tuvimos un leve repunte en estos diez años de notable crecimiento económico, dentro de una marcada tendencia general a la baja. Eso demuestra que Argentina ya es un país de argentinos nativos; echarle la culpa de lo que nos pasa a una pequeña minoría fluctúa entre la ignorancia de no saber dónde estamos parados y la cobardía de no poder mirarnos francamente al espejo.

• Censo 2010: La población paraguaya en Argentina es de 550 mil personas, la población boliviana 345 mil, los chilenos son 191 mil, los peruanos 157 mil. El resto de la población extranjera se distribuye entre 16,6% de nacidos en el continente europeo, 12,6% proveniente de otros países de América, y 1,9% de otros continentes;

• Los extranjeros son 1,8 millones, mientras que los argentinos nativos somos más de 38 millones. Ante esta abismal diferencia, creo que ellos deben estar más preocupados por las posibles consecuencias de nuestros accesos xenofóbicos, antes que nosotros por el presunto acceso extranjero a nuestros sistemas asistenciales, que distan mucho de la liberalidad y el despilfarro, otro de los mitos que gusta contarse a sí misma la clase media, que desconoce totalmente los verdaderos mecanismos de supervivencia de pobres e indocumentados;

• Este tipo de chistes sirve para detectar algunas ignorancias e incoherencias de la xenofobia. Por ejemplo, para qué vendría a vivir a Argentina una señora cubana si en su país se puede vivir sin empleo (por ahora, y hasta que las reformas económicas en marcha entren en pleno efecto) pero con una cobertura médica, asistencial y educativa superiores a las nuestras. Otra necedad ofensiva y gratuita: ¿casas gratis? entonces, ¿cuál es el verdadero problema habitacional de la Argentina? ¿Comida gratis? dónde, cómo, a quiénes, por qué. ¿Desde cuando la educación gratis es un privilegio?

• Cuánto se ha luchado en este país para “promover el bienestar general y asegurar los beneficios de la libertad para nosotros, para nuestra posteridad, y para todos los hombres del mundo que quieran habitar el suelo argentino”, como está escrito y prometido en el Preámbulo de nuestra Constitución Nacional desde 1853. Y algunos –espero que la mayoría– todavía estamos planteándonos cómo hacer efectivo ese mandato alberdiano;

• Argentina tiene una superficie de casi 2,8 millones de kilómetros cuadrados, equivalente a la Unión Europea, pero con la décima parte de su población;

• El verdadero problema argentino no son los extranjeros, que no sobran. El verdadero problema argentino, es la pampa demasiado ancha y muy ajena. El Grito de Alcorta, la Semana Trágica, la Patagonia rebelde, el Cordobazo o el ‘Que se vayan todos’ de 2001 son blasones de una lucha inconclusa. Hubo mucha sangre derramada para que todo quede igual que siempre. O para que cualquiera opine alegremente desde la xenofobia.

Nuestros padres y abuelos, ante una burrada, solían decir ‘agarrá los libros, que no muerden’. Ahora es más sencillo, además de los libros que siguen estando a nuestro alcance, internet también ayuda. Con el buscador de internet vale la misma admonición que con las bibliotecas: cuidarse de charlatanes y embaucadores. Pero todo lo necesario para aprender ya está colgado en la red, incluida la información sobre el fenómeno inmigratorio que hizo y sigue haciendo a la Argentina desde hace dos siglos.

Por último, los chistes xenofóbicos a los verdaderos no xenófobos no nos causan gracia, nos provocan asco.

 

(*) De la redacción de Paralelo 32

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