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Editorial

11 de Octubre de 2014

Un tipo de agresión en la escuela, de la que nadie habla

Por Paralelo 32


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Todo está legislado y reglamentado sobre cómo proceder en la escuela y, si corresponde, cómo sancionar, menos la agresión de padres a docentes. • Cuando esto sucede, ese padre o madre puede seguir ingresando a la escuela sin siquiera pedir una disculpa.

Los hechos se suceden a tal velocidad que no tenemos tiempo para acomodarnos a los que nos pasó hace horas, que ya hay que estar adecuándose a las nuevas situaciones que nos plantea la vida en el ámbito que nos toca desempeñarnos.

La vida se ha ido complejizando tanto que cada vez se hacen mas dificultosas las relaciones humanas, la convivencia, a tal punto que hay que estar exhortando al diálogo permanentemente y más aun en un ámbito como la escuela, donde confluimos actores provenientes de diferentes culturas que necesitan ser compatibilizadas, integradas para poder construir los espacios que nos merecemos para estar bien.

En la escuela existen variadas categorías para el análisis. Los derechos, la construcción de la autoridad, la legislación, el trabajo docente, la profesión, las nuevas infancias, lo que se enseña, el cuidado del otro, la responsabilidad civil y tantas otras que, en la medida que las cosas suceden, podemos ir ampliando el vocabulario de palabras para encarar el análisis  de los hechos.

En ese se puede afirmar que está todo legislado y por lógica organizado por la legislación  (no todo se cumple y algunas son aparentes). Se resguardan los derechos de los niños, los deberes y derechos laborales de los docentes, los derechos y los deberes de los padres y con todos los actores hay que construir lo que se denominan Acuerdos Escolares de Convivencia.

Y en ese contexto todos nos merecemos respeto y buen trato. Y en esta frase está el meollo de la cuestión.

En relación con lo anterior observemos como están las cosas en este presente; si un niño es agredido por un adulto es maltrato y está legislado como actuar; si los niños se molestan entre si es bulling, hay orientaciones sobre como trabajar ese problema; si alguna persona del personal falta el respeto a su superior está indicado el procedimiento a seguir para la sanción; si un superior molesta alguna persona a su cargo es acoso, se indica en la ley que hacer. Y así es como quedan planteados diferentes vínculos que se dan en el contexto de la escuela, pero existe un vacío legal en cuanto como se actúa cuando un padre o un miembro de la comunidad cualquiera sea agrede a un docente o directivo en el ámbito del trabajo: la escuela.

En este caso se agrede a un miembro del personal de tal o cual escuela perteneciente a un ámbito institucional que no se debe personalizar, puesto que es transformar en personal un hecho que es mucho mas profundo. Si se hace denuncia ante la policía o la fiscalía el problema trasciende el lugar que ha sido fijado para la convivencia de todos los actores educativos la escuela y debe esperar los pasos de la justicia, cuando en mi opinión debe ser resuelto en el marco del Sistema Educativo.

Es aquí donde el estado a través de sus autoridades debe actuar creando medidas educativas para quienes con mucha impunidad agreden de diferentes maneras a los docentes. En el sistema laboral del Estado entrerriano tenemos una normativa que expresa que siempre se debe seguir el camino administrativo que corresponde, agotado éste, ir a la justicia, pero si se carece de mecanismos para trabajar esta problemática se da que la situación no cambia y quizás se reitere la agresión a los docentes, con el agravante que en esta realidad de violencia social que existe, se reivindica al agresor, que seguirá ingresando al edificio escolar como si nada hubiera pasado, sin mediar aunque más no sea una disculpa reparadora.

Los docentes también somos personas que sufrimos, sentimos, tenemos problemas, nos emocionamos como cualquier integrante de la comunidad educativa, aunque  muchas veces se nos exijan actitudes que a ningún otro ciudadano se le exigen. Entonces ¿cómo no resguardarlo?, ¿cómo no cuidarlo?, ¿cómo no brindarle garantías para que desempeñe su tarea en libertad y seguridad?  Una de las formas es buscar una medida educativa para el agresor.

Los docentes venimos sufriendo desde hace bastante tiempo diferente acciones que nos descalifican, nos degradan, y en la que muchas veces se convoca a la sociedad toda a cuestionar nuestros actos públicos o privados. Nos ponen en un lugar de exposición que hace que, aunque la verdad no se sepa, quede la duda la que se instala a través de las redes sociales para socavar nuestra dignidad. Y lo grave es que quienes tienen que actuar (el Estado a través de sus autoridades), no reaccionan y dejan entrever que la violencia que debe ser repudiada, en las escuelas pasa como si nada.

Es entendible que se deba guardar precaución frente a los hechos, puesto que a muchos lugares de poder se accede por el voto, pero eso no justifica la inacción y cargar con culpas a otros, llevando a que la piola se corte por lo más delgado.

Quiera Dios que entre las tantas cosas que tiene el estado en sus manos, pueda legislar para saldar la deuda de resguardar la integridad física de los docentes en las escuelas, encontrando una forma que muestre al otro adulto su error.

Errar es humano, perseverar en el error es diabólico.

 

 

Por Oscar Avila

Docente - Victoria


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