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![]() Entre Ríos, Argentina |
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A
raíz de que mi padre resolvió llevarnos nuevamente a vivir al campo tras haber
vivido un tiempo en el Barrio San Lorenzo de Crespo, adquirió algunas hectáreas
sobre el camino viejo a Colonia Merou (actual Granja Recriavi del Grupo Motta).
Desde el año 1954 comencé a asistir a la escuela Nº 54 “Tomás Guido” de Crespo,
cambio de escuela que se justificaba por una mayor cercanía, ya que debía
trasladarme a caballo, recorriendo siete kilómetros de ida y otros siete de
regreso diariamente. Este trayecto se convertía en una aventura diaria, ya que
se producía el encuentro entre una legión de gurises de la zona, que
convergíamos en el “camino del medio” hacia el pueblo. Niñas y niños de las familias Dietrich, Laste, Schmidt, Ferster, Barón, Khin y Wagner, nos divertíamos en una especie de recreo anticipado, arriba de nuestros respectivos pacientes y mansos caballos. Charlas, chistes, cargadas, y generalmente al regreso, donde los pobres animales estaban ansiosos por volver a casa, se producían las picadas o carreras hasta la primera curva del camino. Allí me destacaba, saliendo en punta con mi “pangaré”, un flete acostumbrado a correr carreras cuadreras con su anterior dueño y el hecho de que montaba solo, mientras que los demás cargaban con la desventaja de ir con una de sus hermanas a cuestas sobre el caballo. Rodadas y caídas se produjeron varias, pero siempre con la buena suerte de salir ileso. Aquellos barrios (1955/56) A
fin de bosquejar a fuerza de memoria el panorama que presentaba Crespo por
aquel entonces, recuerdo que atábamos los caballos al alambrado del terreno que
hoy ocupan las viviendas de Fermín Waigel, del doctor Pagnanelli y de ‘Choli’
Miranda, sobre la calle Güemes, al fondo de Solíamos
encontrarnos a la salida con la ingrata sorpresa de que alguno de nuestros
pingos se había “pelado” el freno y pastaba por algún lugar cercano, entre las
pocas casas que había en la zona este de Continúo
con el relato, porque el cambio de estacionamiento se produjo cuando se
iniciaron las construcciones de casas en ese lugar, por lo tanto el nuevo sitio
usurpado por los “Jinetes del Apocalipsis” fue sobre la calle Dorrego, actual
tienda de los Hnos. Jacob y Esta
vez la cosa se complicó bastante porque debimos guardar nuestras cabalgaduras
en el patio del almacén y bar de Don Jerónimo Ulrich, quien nos cedía espacio
en su amplio patio y permitía que bajáramos nuestros aperos en caso de lluvia y
los guardáramos en un galponcito del fondo. Este lugar se situaba frente a El acceso Norte a
Crespo Para
seguir pintando el paisaje del Crespo de aquella época, sigo contando que el
actual acceso Norte era un callejón profundizado por la erosión provocada por
toda el agua que bajaba de la población, desembocando en el arroyo que pasa por
lo que hoy es el Parque del Lago. Lógicamente no existía todavía el pavimento
de la actual ruta Nº12. Así que cuando llovía mucho, la calzada del arroyo se
cubría de barro y agua, de tal profundidad que imposibilitaba el paso con
carros o cabalgaduras, por lo cual debíamos hacer un rodeo por la calle detrás
del Castillo Alemán de ahora, hasta tomar la “calle fiera” que le llamaban, que
pasaba por frente al actual parque de
reciclado de residuos, y retomábamos por calle Misiones hasta la 9 de julio
hacia el centro de la aldea.
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