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En esa isla africana el avistamiento de delfines se convirtió en uno de los principales atractivos turísticos.
Según el diario El Mundo, estar pendientes de sus visitantes los distrae y les quita tiempo para comer, descansar y entablar relaciones con otros delfines. En definitiva, les altera su ritmo de vida, lo que acarrea consecuencias negativas no sólo en cada individuo sino en toda su comunidad.
La investigación, publicada en ’Endangered Species Research’, se llevó a cabo con delfines ’Tursiops truncatus’, la especie más común. También se le conoce como delfín nariz de botella o delfín mular.
Durante 40 días se observó el comportamiento de un grupo de delfines de Zanzíbar. Los resultados reflejan hasta qué punto los barcos de turistas los molestaban. Cuando había uno cerca, el tiempo que pasaban descansando bajaba del 38% habitual a sólo el 10%. Asimismo, pasaban menos tiempo buscando comida y con otros delfines.
Por otro lado, se movían mucho más, casi el doble, que cuando no había humanos cerca. "Nadan más porque intentan evitar los barcos", sostiene Berggren, quien advierte que es urgente regular la industria del turismo para proteger a estos animales.
El avistamiento de delfines se lleva a cabo en el sur de Zanzíbar desde 1992. La isla es uno de los pocos lugares en los que el turismo reemplazó a la caza de estos animales. Sin embargo, los investigadores alertan de que la actual situación no es sostenible y si no se intenta minimizar el impacto negativo del turismo sobre los delfines, estos terminarán desapareciendo de sus costas.
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